El Mont Saint Michel

feb 5, 2012   //   by Sandra   //   Francia, Normandía, Viajes  //  22 Comments

Tocaba visitar el lugar estrella de nuestras vacaciones, el lugar que había originado todo este viaje. Lo que en principio habíamos planeado como una escapada de sólo 3 días acabó siendo una ruta de dos semanas. Íbamos a visitar el Mont Saint Michel.

Por si alguien no lo sabe el Mont Saint Michel es un islote, entre Bretaña y Normandía, unido a tierra firme sólo por una estrecha carretera y situado en una de las zonas con mayores mareas de Europa. En lo alto de este islote hay una abadía, según cuenta la leyenda construida en el siglo VIII por el obispo Aubert de Avranches tras recibir en sueños la visita del Arcángel San Miguel (una estatua de San Miguel corona la parte más alta de la abadía). Antiguamente cuando subía la marea el monte quedaba completamente rodeado de agua y era imposible abandonarlo, al menos por tierra firme. Ya os digo que esto ahora no pasa, la carretera que conduce al monte hace de dique y ahora se puede acceder a él a cualquier hora del día o de la noche. Desde 1979 el Mont Saint Michel está incluido en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO.

He de confesar que a medida que nos acercábamos al monte yo me iba poniendo cada vez más nerviosa. Saint Michel es de esos lugares que había querido visitar desde hacía muchísimos años y ahora que estaba tan cerca tenía mariposas en el estómago.

Fuimos en coche y ahí sí que debemos tener precaución. Aunque la carretera que une el islote con tierra firme no se inunda con las mareas, la zona de aparcamiento sí lo hace. La carretera es muy estrecha y no se puede aparcar, así que han habilitado unas enormes zonas de aparcamiento para coches y autocares, pero hay que estar atentos a la hora máxima de retirada del vehículo que está indicada en enormes carteles por todo el aparcamiento, a no ser que no os importe que el mar se lleve vuestro coche. El aparcamiento es caro, creo recordar que unos 7€, pero si vais en coche no tendréis más remedio que pagarlos a no ser que dejéis el coche un par de kilómetros antes, en la última zona de casas, y hagáis el último trozo andando.

Con niebla

Cuando llegamos, una capa de niebla cubría la mitad de la abadía y le daba un aire un poco más fantasmal del que ya tiene. Como llegamos pronto, algunas zonas de aparcamiento todavía estaban inundadas y una máquina estaba retirando el agua.

Retirando agua

La cúpula

El acceso al monte es gratuito y sólo hay que pagar si se quiere visitar la abadía por dentro. Y ahora voy a poner uno de los dos “pero” de la visita: está llenísimo de gente. Las calles son estrechas (recordad que estamos hablando de un monte amurallado) y se hace casi imposible andar por ellas esquivando turistas con cochecitos. Lo que me recuerda que os dé otro aviso: yo no iría con bebés. En cuanto entramos dentro del monte sólo hay calles empinadas y escaleras, todo está construido en forma piramidal, y podéis acabar hartos de cargar el cochecito para esquivar los cientos de escalones que os vais a encontrar. O sea, que el monte no es un lugar fácilmente accesible para personas con movilidad reducida y/o cochecitos de bebés.

Escaleras

Calles

A nosotros nos recordó un poco Carcassone (que también os recomiendo si no habéis estado), con sus casas antiguas y su entorno amurallado. El interior del monte decepciona un poco, todas las casas se han reconvertido en restaurantes, hoteles y tiendas de souvenirs. No es de extrañar de un lugar que recibe más de 3 millones de visitas al año, pero no deja de ser chocante estar en un entorno magnífico y ver sólo tiendas de recuerdos. Este sería el segundo “pero” de la visita. Pero no me malinterpretéis, el entorno es magnífico y, si conseguís olvidaros de los turistas con cochecitos y las tiendas, el lugar es magnífico, impresionante. Merece muchísimo la pena una visita, aunque quizás no el uno de agosto como hicimos nosotros.

La abadía

Detalle

La entrada a la abadía cuesta alrededor de 13€, pero sí os la recomiendo. Y también os recomiendo encarecidamente que compréis las entradas por anticipado para ahorraros la larguísima cola que se forma en las taquillas. Nosotros las compramos por el mismo precio en el mismo camping donde dormíamos y fue una gran idea. Cuando llegamos arriba (para llegar a la puerta de la abadía hay que subir escaleras y más escaleras) pasamos por la zona de grupos (aunque nosotros sólo éramos dos) y pudimos acceder al recinto sin hacer nada de cola.

La abadía III

Detalle

Abadía

Os pongo unas cuantas fotos tomadas del interior de la abadía.

Interior

Altar

Claustro

El recinto es grande, muy grande, creo que estuvimos nuestro buen par de horas para visitarlo entero, eso sí, a nuestro ritmo y parando para hacer fotos, cómo no!!!

Claustro II

Cuando salimos de la abadía nos dedicamos a pasear por los alrededores de la muralla. Se puede contratar una excursión por los alrededores del monte, por la arena, pero nosotros no la hicimos. Lo que sí recomiendan es no hacer la excursión por tu cuenta de ninguna de las maneras, ya que son arenas movedizas y si no sabes dónde pisar puedes acabar atrapado en ellas.

Casas junto a la muralla

Picado

Casas

Me llamó la atención este “ascensor” que seguramente utilizaban para subir los alimentos hasta la abadía, que recordemos en el momento de su fundación alojaba una orden de monjes benedictinos.

El ascensor II

Vista general

Aproximadamente a la hora de comer ya habíamos completado la visita (es lo que tiene madrugar) y como queríamos volver al atardecer, para ver la subida de la marea y sobretodo para poder fotografiarlo de noche, decidimos volver al camping a descansar, así que sacamos el coche del aparcamiento mucho antes de la hora límite.

Por la tarde, después de cenar, como no estábamos muy seguros de dónde podríamos aparcar (recordad que el parking cerraba a las siete) decidimos ir andando siguiendo el sendero que va junto al río. Es muy bonito andar por ese camino con la silueta del monte cada vez más cerca y las luces de la tarde cambiando a medida que el sol cambia de posición.

Camino al monte

Desenfocado

Cuando sube la marea

Finalmente llegamos a un puente, un mirador privilegiado a un kilómetro aproximadamente del monte. Es muy ancho, con bancos para poder sentarse y contemplar el espectáculo y por el que no pasan coches, un lugar ideal para plantar el trípode y hartarse de hacer fotos.

Nosotros Estos somos nosotros, que no salimos nunca en las fotos (como mínimo yo).

Al atardecer

Casi es de noche

El mirador Este es el mirador desde el que se puede contemplar la puesta de sol.

En el mediterráneo no tenemos mareas y ver cómo allí de repente el agua empieza a subir de nivel y a ir en dirección contraria, desde el mar hacia el interior, es algo que a mí me deja alucinada. Ya había podido verlas en Suances pero las mareas en la abadía de Saint Michel son espectaculares, como ya he dicho antes las mayores de Europa.

Tras hacer una cuantas fotos de la puesta de sol fuimos a cenar a un restaurante cercano, que todavía nos quedaba otra tanda de fotos, la del monte iluminado. Después de cenar volvimos al mismo mirador, volví a plantar el trípode y saqué probablemente una de las fotos más espectaculares del viaje.

De noche

Valió muchísimo la pena esperar hasta que anocheciera para conseguir esta foto. Es una de las fotos de las que me siento más orgullosa y la enseño a todo el mundo. Me costó un poco porque no paraba de pasar gente por el puente y aunque no lo parezca hacían que se moviera el suelo y la foto quedara desenfocada. Esta está tirada a una velocidad de disparo de 30 segundos y el diafragma cerrado a 9,para conseguir profundidad de campo, e ISO 200. Con el obturador abierto durante 30 segundos cualquier mínimo movimiento de la superficie afecta a la foto, pero no podía impedir que la gente andara por el puente :-)

Ahora sí, había fotografiado el Mont Saint Michel del derecho y del revés, a primera hora del día y por la noche, tocaba volver al camping a descansar.

Tengo más fotos de aquel día que no he puesto aquí, si queréis verlas están en mi galería de flickr.

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