Llegamos a Las Vegas

Las Vegas

Recordemos que habíamos dejado Grand Canyon lloviendo y nos habíamos quedado con las ganas de ir parando en todos los miradores que encontráramos. En vez de eso tuvimos que conducir todo el camino bajo la lluvia. Esto hizo que fuéramos mejor de tiempo de lo que teníamos previsto y que, cuando llegamos a la presa Hoover, en vez de pasar de largo nos paráramos.

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La presa Hoover sale en numerosas películas y es parada obligatoria para aquellos que buscan localizaciones cinematográficas. La última de las producciones de Hollywood (que yo recuerde) en la que sale es San Andrés, película donde un terremoto hace desaparecer gran parte de los lugares que visitaríamos durante este viaje. Cabe decir que no quise ver la película antes de ir, que soy un poco aprensiva y no quería estar todo el viaje pensando que en cualquier momento podía haber un terremoto que hiciera volar California por los aires.

Actualmente la carretera no pasa por el centro del embalse (aunque se puede circular) sino que hay un viaducto espectacular por donde transcurre la interestatal que une Arizona con Nevada. Una vez pasado este viaducto hay una pequeña zona de aparcamiento donde dejar el coche y poder retroceder para contemplar las vistas, ya que el viaducto tiene habilitada una zona peatonal, tal y como se puede ver en la fotografía anterior. Desde allí podremos hacer todas las fotos que queramos de la presa, que abastece de agua el estado de Nevada y creo que también el de California. Siendo como son zonas bastante áridas, donde las precipitaciones anuales son muy bajas y teniendo en cuenta que California es un estado muy poblado, la cantidad de agua que necesitan almacenar es considerable.

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Con el coche también fuimos hasta el comienzo de la carretera que cruza el embalse, buscando un lugar donde parar y poder hacer una foto del viaducto, que es espectacular, pero no encontramos ningún lugar donde poder aparcar de forma segura aunque fuera cinco minutos, así que desistimos. Volvimos a coger la interestatal y retomamos el camino hacia Las Vegas. Poco a poco el paisaje desértico va dando lugar a pequeñas casas bajas y el nudo de carreteras se va complicando, hasta que al fondo empiezas a vislumbrar los rascacielos que forman el downtown de la ciudad del pecado. Dicen que a Las Vegas hay que llegar de noche, para ver al fondo las luces de la ciudad. Nosotros llegamos de día y lloviendo (¿cuántos días llueve en Las Vegas en todo el año? ¿Dos? ¡Y va y nos toca a nosotros! ) Pero aún así fue igual de espectacular .

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Nosotros teníamos claro que queríamos alojarnos en el Strip (la calle principal) y que queríamos dormir en un casino, y el lugar escogido fue el Flamingo. El Flamingo fue el primer casino (propiedad de la Mafia, como no) que se instaló en el Strip, fuera de la parte vieja de la ciudad y Fremont Street. La ubicación es ideal, frente al Caesar Palace y al borde del Venetian, el lugar perfecto para conocer la ciudad. Durmáis o no en un casino mi consejo es que os alojéis en el Strip, ya que aunque no lo parece las distancias son muy grandes en esta ciudad y estar bien situado hace que puedas ir de un lugar a otro más fácilmente.

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La primera odisea fue encontrar la entrada del aparcamiento, que estaba un poco escondida. Y la segunda encontrar la recepción del hotel, que se encuentra en el corazón del casino. Sí, como lo leéis, antes de llegar a recepción a registrarte ya has tenido que pasar por varias máquinas tragaperras y mesas de juego, y es que no quieren que nadie se quede con las ganas de jugar porque no encuentre donde hacerlo. El registro fue bastante rápido a pesar de la gente que había, pero es que quizás había veinte personas en recepción (lo sé, parece mentira, pero Las Vegas es así, todo exageración) . Enseguida subimos a nuestra habitación, en la planta 21, y pudimos contemplar unas magníficas vistas del Strip mientras se iba haciendo de noche.

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Después de descansar un poco y recuperarnos del viaje tocaba salir a descubrir la ciudad. Todos los casinos tienen aparcamiento y son gratuitos, para que la gente pueda moverse tranquilamente de un lugar a otro, pero nosotros preferimos andar. Aunque lloviznaba se podía caminar sin problemas. Y aquí empezamos a hacer el turista, mirando boquiabiertos hacia todos lados (yo más, Cesc ya conocía Las Vegas de un viaje anterior). A estas alturas, casi un año después, todavía no sé cómo describir la ciudad. Es un parque temático para adultos, todo es exagerado, llevado al extremo, suntuoso y rebuscado. Es verdad que Las Vegas no puede dejar indiferente a nadie. Puede no gustarte, pero no podrás decir que la ciudad no te ha causado ninguna sensación porque eso es imposible.

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Diría que todos los casinos ofrecen espectáculos, quieren que a parte del juego y la prostitución (que existe) también encuentren su lugar las familias y captar un público que de entrada no iría a la ciudad. Nosotros contabilizamos tres espectáculos diferentes del Cirque du Soleil, aparte de Céline Dione o David Copperfield, por ejemplo, pero las entradas eran carísimas y no fuimos a ninguno. Las Vegas es una ciudad cara donde si tienes dinero puedes hacer un montón de cosas, aparte de jugártelo en la ruleta. Y si no tienes dinero, como nosotros, vas pasando de casino en casino, que la entrada es gratuita.

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Uno de los casinos más espectaculares es el Venetian. Si habéis estado en Venecia reconoceréis todos los rincones más característicos de la ciudad, góndolas incluidas. Han reproducido a escala la ciudad italiana, con sus canales y sus gondoleros con las camisetas de rayas azules.

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Cenamos al lado de un “canal veneciano” y seguimos explorando la ciudad.

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Empezamos a andar por el Strip en dirección al Stratosphere, el casino que podríamos decir que cierra el paseo por el norte, pero aunque llegamos al final vimos que no había sido muy buena idea, primero porque la distancia es mucho más larga de lo que parece y segundo porque hay un trozo bastante grande sin nada (lo que ocupa el desaparecido Riviera) y por tanto bastante mal iluminado. El camino hasta el Stratosphere se nos hizo muy pesado. Por cierto, si buscáis en YouTube podréis ver la demolición del Riviera. Cuando nosotros fuimos el edificio estaba vacío pero todavía en pie.

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En el Strip no todo son casinos, también hay moteles y capillas donde celebran bodas, algunas tan discretas como esta.

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Finalmente llegamos al Stratosphere pero no subimos hasta arriba porque había que pagar, creo recordar que 20$. Paseamos un poco por las salas de juego y volvimos dirección al Flamingo, pero en lugar de hacerlo andando lo hicimos con el monorraíl. El billete sencillo cuesta 5$ y se compra en la misma parada. Es un medio de transporte que va por el Strip y conecta los diferentes casinos, con principio en el Stratosphere y final en el MGM, donde bajamos. Las paradas del monorraíl no están en la calle, están dentro de los casinos. Se trata de que no pises la calle para nada, no vayas a perder un tiempo precioso que podrías emplear jugando. Pensábamos que nunca podríamos salir del MGM, ¡es enorme! Y es que los casinos tienen una regla: la gente debe jugar. Y para ello hacen lo que sea necesario como no poner relojes, no tener ventanas para que no puedas ver el exterior y no indicar las salidas. El MGM estaba lleno de indicadores, ¡pero ninguno que nos dijera por donde podíamos salir! Ya pensábamos que deberíamos quedarnos a vivir allí. Finalmente lo conseguimos y emprendimos el camino de vuelta hacia el Flamingo mientras pasábamos por delante del resto de casinos.

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Entramos a curiosear en el New York y el Paris, los dos perfectamente ambientados en las ciudades que les dan nombre. Realmente dentro de los casinos encuentras de todo y si quieres no hace falta que salgas a la calle para nada.

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Y cuando ya llegábamos a nuestro hotel, a las 12 de la noche, pudimos disfrutar de uno de los espectáculos más vistosos de Las Vegas: el de las fuentes del Bellagio. Este hotel tiene unas fuentes delante que, cada hora y al ritmo de la música, se encienden y forman un espectáculo fantástico. Debido a la lluvia que había caído había poca gente paseando por la calle y pudimos disfrutar de este espectáculo en primera fila. Creo que lo hacen cada hora y realmente vale la pena, está muy bien conseguido. Ah, ¡y es gratuito!

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Ahora sí, el día había sido muy largo y estábamos muertos. Tocaba ir a dormir, que al día siguiente teníamos muchas cosas que hacer.

3 Replies to “Llegamos a Las Vegas”

  1. Mari Carmen

    Creo que espectáculos el Cirque du Soleil en Las Vegas hay más de tres. Nosotros sí que entramos. Es cierto que son caros, pero somos fans del Cirque du Soleil y he decir que de todos los que he visto, el de Las Vegas fue el mejor! Espectacular!
    Sí que os distéis una buena pateada el primer día! Las distancias engañan! A nosotros también nos pasó que nos pusimos a andar y andar porque todo parece cerca, pero no es así!

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  2. José Carlos DS (@josecarlosds)

    Recuerdo que cuando fui justo se estaba construyendo la carretera que pasa ahora junto a la presa. Entonces no quedaba otra que pasar por encima. Lo de los hoteles en Las Vegas es buenísimo, puedes tardar hasta un cuarto de hora en llegar a recepción jaja

    Un saludote y que 2017 venga cargado de viajes 😀

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