Bruselas en un fin de semana. 1ª parte.

Excepto el Centre Belge de la Bande Dessinée (conocido popularmente como el Museo del Cómic o Museo de Tintín), no teníamos ninguna visita en mente, así que llegamos a Bruselas dispuestos a andar y a descubrir qué nos ofrecía la ciudad. Nos habían dicho que la capital belga era una ciudad pequeña, apta para una visita de fin de semana, así que tampoco nos preocupaba mucho no tener un plan trazado. Seguro que poco a poco todos sus atractivos se nos irían mostrando.

Tras un buen desayuno cerca de la Gare Central, donde nos había dejado el tren del aeropuerto, empezamos a andar por la ciudad y enseguida llegamos a la principal atracción turística de la misma, la Grand Place. Esta plaza bien vale una visita a la ciudad.

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Una plaza rectangular, rodeada de magníficos edificios, da la bienvenida al visitante. Entre todos ellos sobresale uno, el Ayuntamiento, cuya torre es visible desde muchos puntos de la ciudad. La foto del Ayuntamiento no es la mejor que podía conseguir, pero es que para poder pillarlo entero hubiera necesitado un objetivo gran angular y no lo tengo. La plaza no es lo bastante ancha como para poder alejarse lo suficiente y poder pillar el edificio entero, así que opté por hacer varias fotos y después montarlas en una panorámica. Este es el resultado. No es perfecto, pero mejor esto que nada, no? 😉

Grand Place

No sé si el portero siempre va vestido de esta manera o era sólo aquel día, que había una boda.

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Justo al otro lado de la plaza está la Casa del Rey, pero no del rey de Bélgica sinó del rey de España. Este edificio fue mandado reconstruir por Carlos V.

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Por una de las calles que sale de la Grand Place, la Rue de l’Étuve, llegamos a otra de las atracciones de la ciudad, el Manneken Pis. Menuda decepción! Es un muñeco de apenas 40 centímetros de alto que, si no llega a ser por los montones de turistas que había haciéndole fotos, hubiéramos pasado de largo sin darnos cuenta, tan ensimismados como estábamos contemplando los escaparates de las chocolaterías que hay alrededor.

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El Manneken Pis tiene más de 400 trajes, expuestos en la Maison du Roi, otro de los edificios que rodean Grand Place. El día que fuimos nosotros iba vestido de cirujano, desconozco por qué. Si no es porque realmente no hay que desviarse de ninguna ruta, os diría que no perdierais el tiempo buscando la estatua del niño haciendo pis, no vale en absoluto la pena.

Seguimos callejeando, dirigiendo nuestros pasos hacia el Palacio de Justicia, y de vez en cuando nos topábamos con murales como estos. Como ya dije en la anterior entrada, existe toda una ruta señalada con todos los murales que podéis ver, por si os apetece seguirla. Realmente son fantásticos.

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Cerca del Palacio de Justicia encontramos un ascensor, que une la parta alta con la parte baja de la ciudad (literalmente, ya que una está más elevada que la otra). Desde la parte alta podréis disfrutar de unas buenas vistas sobre la ciudad.

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Siguiendo por la Rue de la Régence llegamos hasta el Palacio Real y el Parque de Bruselas. Esta zona, mucho más tranquila que los bulliciosos alrededores de Grand Place, a mí me recordó en cierto modo a las grandes avenidas de París, quizás por el tipo de arquitectura de sus edificios.

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En el Parque de Bruselas, como en todos los parques europeos, la gente tomaba el sol tumbada en el césped, aprovechando el magnífico día que estaba haciendo. Es un parque chiquitín, no os espereis Hyde Park, o sea que se puede recorrer de punta a punta fácilmente. Más que un parque yo diría que son unos jardines, pero vale la pena pasearse por ellos. A un extremo encontraréis el Palacio Real, residencia de los reyes de Bélgica, y al otro el Palacio de la Nación, sede del gobierno. Desconozco si ambos edificios se pueden visitar, ya que nosotros nos limitamos a rodearlos por fuera.

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Se acercaba la hora de comer, debíamos volver a las inmediaciones de Grand Place a recoger las llaves del apartamento y comer algo, que aunque no lo parezca, todo esto lo vimos en tan solo una mañana. En la siguiente entrada os sigo contando.

3 Replies to “Bruselas en un fin de semana. 1ª parte.”

  1. José Carlos DS

    Lo del Manneken Pis suele ser típico llevarse la decepción por el tamaño que tiene, lo más gracioso son los vestidos que tiene. Una de las cosas que me encantan son la gran cantidad de murales que hay por toda la ciudad, están super bien conseguidos.

    A ver cuando me dejo caer por Bélgica 😀

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    • Sandra Post author

      Sí, los murales valen mucho la pena. Nosotros no los vimos todos, pero si quieres, puedes pasar tranquilamente una mañana o una tarde siguiendo la ruta.

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  2. Pingback: ¿Queréis venir a Aquisgrán? « Fotografiando y viajando

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