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El Estambul más europeo y un momento mágico

jul 23, 2014   //   by Sandra Moscoso   //   Turquía, Viajes  //  No Comments

Estambul

Después de visitar el Palacio Dolmabahçe y degustar de nuevo un delicioso bocadillo de caballa en un puesto ambulante a orillas del mar, dedicamos la tarde a seguir visitando la parte más europea de Estambul, es decir la orilla norte del Cuerno de Oro. Según el mapa no había demasiada distancia entre el Palacio y la Plaza Taksim, centro neurálgico de la zona más occidental y punto de encuentro de los habitantes de la ciudad cada vez que se reúnen para protestar por algo (motivo por el que yo personalmente no me alojaría en esa zona).

En línea recta sí que estaba cerca, pero cuesta arriba también. Pasamos por unas calles que no tienen nada que envidiarle a las cuestas del barrio del Carmel en Barcelona, además de feas y sin ningún tipo de encanto, para finalmente llegar a Taksim. Menuda decepción. Esto es la plaza Taksim.

Estambul

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Metros de cemento rodeados de edificios, con gente yendo y viniendo y sin nada que ver o hacer allí. En mi opinión, un lugar completamente prescindible en vuestra visita a la ciudad.

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Desde la Plaza Taksim sale la Avenida Istiklâl, la avenida más larga y abarrotada de Estambul, que en tiempos de la corte otomana albergaba las sedes de las embajadas europeas pero donde hoy día sólo podemos ver las mismas tiendas que en cualquier otra ciudad. Existe un tranvía que a lo largo de toda la avenida une la plaza Taksim con el funicular de Gálata, pero yo no lo vi funcionando.

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Si habéis estado en Portal de l’Àngel o en la calle Preciados un sábado de rebajas os haréis una idea de lo que era pasear por Istiklâl. Otra parte completamente prescindible de la ciudad, para mi gusto.

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Finalmente conseguimos alcanzar la Torre Gálata, y esto es lo que nos encontramos.

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Más colas, una cola que en la media hora que estuvimos más o menos no se movió ni un centímetro. Aquel día, con las tres horas del Palacio Dolmabahçe habíamos agotado nuestro cupo de “tiempo perdido en hacer cola”, así que nos conformamos con fotografiarla por fuera y seguimos nuestro camino hacia el muelle.

Las vistas desde la orilla norte del Cuerno de Oro sobre Sultanahmet son de lo mejor de Estambul, no me cansé de fotografiarlas. En la imagen inferior vemos Santa Sofía.

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Y en esta el Palacio Topkapi a la izquierda y Santa Sofía a la derecha.

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Desde el extremo del Puente de Gálata se ven tres mezquitas. Si no me equivoco una es la Mezquita Nueva (Yeni Camii) pero las otras dos no las identifico.

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Todos los aficionados a la fotografía buscamos la “hora mágica” u “hora azul” y yo no estaba dispuesta a irme de Estambul sin obtener una foto de la Mezquita Azul en este momento tan especial del día, así que armada yo con mi trípode y Cesc con una buena dosis de paciencia, y mientras degustábamos un delicioso té en la explanada de las mezquitas, contemplábamos (e inmortalizábamos) este momento.

En esta primera foto todavía no habían encendido las luces, aunque creo que la imagen es preciosa.

Estambul

En la entrada anterior os decía que había tres cosas que nadie que vaya a Estambul debía dejar de hacer: la primera era visitar Santa Sofía, la segunda comer un bocadillo de caballa en un puesto ambulante, y aquí va la tercera, contemplar la Mezquita Azul a la puesta de sol y escuchar la llamada de la oración. Es un momento realmente mágico.

Llamada de la oración

Y ahora sí, tenía por fin la foto de la Mezquita Azul al anochecer con las luces encendidas. “La foto” del viaje.

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Al otro lado de la plaza Santa Sofía lucía igual de majestuosa.

Estambul

Y otra vez la Mezquita Azul, desde otro ángulo y ahora ya completamente de noche.

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Había sido un día muy largo, habíamos perdido mucho tiempo haciendo cola pero lo que habíamos visto había valido realmente la pena. Y con estas vistas pusimos punto final a nuestro día.

El Palacio Dolmabahçe, donde el tiempo se detuvo a las 9.05h

jul 11, 2014   //   by Sandra Moscoso   //   Turquía, Viajes  //  3 Comments

Palacio Dolmabahçe

Durante nuestro tercer día en Estambul visitamos el otro gran palacio que nos quedaba por ver en la ciudad y en el que invertimos toda la mañana: el Palacio Dolmabahçe. Está en la zona europea pero al otro lado del Bósforo, en la parte occidental de Estambul, frente a la zona del Sultanahmet. Nuestra guía no lo recomendaba demasiado por ser un palacio de estilo más europeo. Para llegar hasta allí deberéis coger la línea 1 del tranvía hasta Kabataş, que es la última parada, y después andar unos diez minutos. El palacio está a orillas del mar. Creo que lo he dicho en otra ocasión, pero el viaje en tranvía cuesta 3 liras turcas y tendréis que comprar la ficha que os da acceso al andén en unas cabinas que hay junto a cada parada. La entrada cuesta 30 liras turcas y ahora viene la parte mala de la visita: nosotros no hicimos cola, hicimos la madre de todas las colas. ¡Tres horas desde que llegamos al recinto hasta que conseguimos entrar dentro del palacio!

Palacio Dolmabahçe

Nada más llegar encontramos una cola para pasar por el detector de metales. Pasado éste, otra cola para comprar las entradas, donde la gente intenta colarse sin ningún tipo de miramiento. Y a diferencia de lo que ocurre en el Palacio Topkapi, aquí no hay cajeros automáticos, así que tendréis que esperar a que os toque vuestro turno en alguna de las ¡dos únicas! taquillas de que dispone el recinto. Y una vez superado todo esto encontramos otra cola, la última, que es para acceder al palacio propiamente dicho, donde, además, no se permiten hacer fotos (por eso todas las de esta entrada son de los jardines), es necesario entrar en grupo y con un guía (sólo inglés o turco) y os harán cubrir los zapatos. Sí sí, como lo leéis, os darán aquellas bolsas de papel para cubrir los zapatos que te dan en los hospitales ya que el interior del palacio es todo de moqueta.

Palacio Dolmabahçe
El palacio tiene acceso directo a su propio embarcadero. Los sultanes llegaban a él en barco.

Palacio Dolmabahçe

Llegados a este punto me preguntaréis, ¿vale la pena tomarse tantas molestias? Mi respuesta es que sí. El interior del palacio es impresionante. Y ahora vamos a dar unas pocas explicaciones sobre el mismo.

Fue mandado construir por Mehmet II y usado por los últimos sultanes otomanos como residencia imperial, cuando decidieron abandonar Topkapi por una residencia más al estilo europeo. El edificio tiene más de 280 habitaciones y destaca por la riqueza en su decoración, con muchos objetos procedentes de otros países europeos. En su interior podemos ver una enorme lámpara de cristal donada por la reina Victoria y una escalera también de cristal (la barandilla, se entiende). Es una pena que no nos dejaran hacer fotos, es realmente suntuoso.

Palacio Dolmabahçe

Después de que Mustafá Kemal “Atatürk” derrocara el sultanato y proclamara la República de Turquía, fijó aquí su residencia (no tenía mal gusto), y murió en ella el 10 de noviembre de 1938 a las 9.05 horas de la mañana, motivo por el cual absolutamente todos los relojes que hay en el interior del palacio están detenidos a esta hora. Se puede ver la habitación y la cama en la que falleció Atatürk, cubierta con una bandera de Turquía.

Palacio Dolmabahçe

Actualmente el Palacio Dolmabahçe sigue siendo residencia oficial y es propiedad del Ministerio de Defensa, aunque desconozco si vive alguien ahí (creo que no) o es como el Palacio Real de Madrid o el Palacio de Pedralbes de Barcelona, que se usa en ocasiones especiales. Hacer la visita con un guía tiene la ventaja de que te cuenta lo más destacado o importante de los salones por los que pasas, pero el inconveniente que tienes que hacer la visita al ritmo que te marca el grupo. Si además tienes la mala suerte de ir un día en el que está llenísimo, la mitad de las veces ni oyes las explicaciones del guía ni sabes de qué están hablando. Y en ese aspecto la visita fue un poco caótica. Echamos mucho de menos la organización alemana a la hora de organizar visitas a sus castillos.

Palacio Dolmabahçe

La decepción del día me la llevé al no poder visitar el harén, que todavía ahora no sé por qué estaba cerrado, ya que preguntamos a un señor que había allí pero no nos entendimos (su inglés y el mío eran incompatibles).

Palacio Dolmabahçe

No es posible pasear por los jardines sin comprar entrada, así que si no estáis dispuestos a hacer cola para visitar el interior del palacio, no hace falta que os acerquéis hasta allí. Aunque repito, a pesar de ser un palacio de estilo europeo, el enésimo inspirado en Versalles, vale la pena su visita. Con tanta inspiración, el día que por fin consiga visitar el original igual me llevo una desilusión.

Palacio Dolmabahçe

Palacio Dolmabahçe

Palacio Dolmabahçe

Tras la visita fuimos paseando por la orilla del Bósforo, de vuelta a la parada del tranvía, y pudimos degustar otra vez un delicioso bocadillo de caballa en un puesto ambulante. Si vais a Estambul hay tres cosas que no os podéis perder: visitar Santa Sofía, comeros un bocadillo de caballa… y la tercera os la cuento en la siguiente entrada.

La Mezquita Azul impresiona

jul 2, 2014   //   by Sandra Moscoso   //   Turquía, Viajes  //  No Comments

Estambul

Estaba relatando nuestro segundo día en Estambul, el primero completo, y me había quedado con la visita al Palacio Topkapi, que nos ocupó toda la mañana. Al salir nos dirigimos a la Mezquita de Sultan Ahmet, o Mezquita Azul, a ver si aprovechando la hora de comer podíamos entrar sin tener que hacer demasiada cola. Y tuvimos suerte, ni era la hora del rezo ni había demasiada gente.

La Mezquita Azul se encuentra en la plaza de Sultanahmet, justo enfrente de Santa Sofía y mirándose una a la otra, como haciendo una competición por ver qué edificio es más bello. Yo no sabría por cuál decidirme. El acceso para turistas está por la parte de atrás del templo. Tenemos que cruzar el patio interior y acceder por una puerta lateral. No sufráis, está perfectamente señalizado.

Cuando llegamos encontramos un maniquí con estas pintas avisándonos, a las mujeres, que debemos ser decorosas con nuestro vestuario. Si no lleváis pañuelo o consideran que enseñáis demasiado las piernas (y esto también vale para los pantalones demasiado ceñidos) a la entrada os proporcionarán algo con lo que cubriros.

Estambul

La entrada es gratuita y tampoco revisan las bolsas, simplemente vigilan que el vestuario sea el adecuado y que os quitáis los zapatos. Y ahora sí, pudimos acceder al interior de la Mezquita Azul. Impresionante.

Estambul

Fue construida entre 1609 y 1616 por orden del Sultán Ahmet I (de ahí su nombre), y es la única que tiene seis minaretes, lo cual provocó no poca polémica ya que se decía que pretendía rivalizar con la Meca. El interior está recubierto por más de 20.000 azulejos de Iznik en los que predomina el color azul.

Estambul

Aunque entramos en hora que supuestamente no era de rezo, sí que había hombres rezando.

Estambul

En la foto inferior vemos el punto a partir del cual los turistas no pueden pasar, aunque como en todos lados, siempre hay gente que parece no entender lo que dice en los carteles (y eso que están escritos en varios idiomas).

Estambul

No debemos olvidar que estamos entrando en un templo sagrado y por tanto debemos respetar sus normas. Si no nos gustan, somos libres de no acceder y deleitarnos con la contemplación del edificio por fuera, que es igualmente majestuoso.

Estambul

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Al salir de aquí nos dirigimos a otro punto igualmente turístico y que, a poco que podáis, os recomiendo que no os perdáis: Yerebatan Sarnici, la Basílica Cisterna. El precio de la entrada es de 10 liras turcas y está a dos minutos de Santa Sofia y la Mezquita Azul, así que podéis aprovechar el mismo día para hacer las dos (o las tres) visitas.

Estambul

Se trata de un antiguo depósito de agua mandado construir por Constantino y formada por 336 columnas divididas en 12 filas. La calma que se respira en su interior y la iluminación hacen de esta una visita muy agradable y sorprendente.

Estambul

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Aunque sin duda lo que más llama la atención de los visitantes son estas dos cabezas de Medusa, situadas en la base de columnas, y que demuestran que cualquier material era bueno para la construcción de la cisterna.

Estambul

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Ahora sí, nos habíamos ganado una pasada por el hotel y descansar un poco antes de volver a salir, a la hora en la que para mí Estambul se vuelve mágica: el anochecer. Y es que cuando se pone el sol y los edificios se empiezan a iluminar, la ciudad adquiere otro cariz.

Estambul
En esta foto podemos ver la Torre Gálata imponiéndose por encima de los tejados cuando empieza a oscurecer.

La zona de embarcaderos alrededor del Puente de Gálata se llena de vida, de propios y ajenos paseando, contemplando la otra orilla o buscando un lugar donde cenar en los incontables restaurantes que se alojan a ambos lados del puente.

Estambul
Aquí podemos ver Yeni Camii, la Mezquita Nueva.

Estambul
Y aquí el Palacio Topkapi iluminado.

Y por último otra de las imágenes típicas de Estambul, los pescadores que se amontonan a lo largo del Puente de Gálata, pescando todavía no sé exactamente qué.

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Como podéis ver, en un día completo y bien aprovechado pudimos visitar algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

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